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China impone aranceles del 99,2% al diclorosilano japonés para fábricas de chips

La medida provisional, basada en leyes antidumping, encarece enormemente la importación de un gas crítico para la fabricación de lógica y memoria.

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China ha aplicado un depósito en metálico de hasta el 99,2% a la importación de diclorosilano de alta pureza procedente de Japón. La medida, que entró en vigor el martes, busca proteger a los productores nacionales frente a lo que consideran precios depredadores, aunque su efecto práctico es casi prohibitivo para las fábricas de semiconductores que dependen de este químico.

El Ministerio de Comercio chino publicó la determinación preliminar el 7 de septiembre bajo el Anuncio No. 37 de 2026. No todos los proveedores japoneses sufren la misma tasa: Shin-Etsu Chemical, el mayor emisor, queda sujeto al máximo del 99,2%, al igual que cualquier otro exportador japonés no especificado. Denal Silane, una joint venture entre Denka y Air Liquide, paga un 80,8%. El diclorosilano (DCS) es un gas de trabajo consumido continuamente en la deposición química de vapor (CVD) para crear capas de silicio y óxido tan finas como unos pocos átomos. Sin él, una fábrica no puede operar.

Un arma comercial, no un control de exportación

Lo relevante para los arquitectos de la cadena de suministro es el instrumento legal utilizado. Beijing ha utilizado controles de exportación sobre galio, germanio y tierras raras en los últimos dos años, medidas políticas evidentes. Este arancel antidumping, regulado por la OMC, luce como una defensa comercial estándar, similar a la que la UE aplicó a los coches eléctricos chinos. Permite bloquear las mercancías en la aduana sin parecer un acto de guerra comercial directa, aunque el resultado operativo sea idéntico: el gas no entra, o entra a un coste que hace inviable la importación.

La solicitud fue presentada por el productor chino Tangshan Sunfar Electronic Materials en diciembre de 2025. La cronología coincide con la tensión diplomática tras los comentarios de la primera ministra japonesa Sanae Takaichi sobre Taiwán, aunque las autoridades chinas no han vinculado explícitamente ambas cosas. El ministerio japonés ha protestado y estudia una respuesta.

El impacto inmediato recae en las fábricas chinas, especialmente los fabricantes de memoria DRAM como CXMT, que usan más capas de deposición y, por tanto, más DCS. El coste de producción sube por decisión del propio gobierno chino, favoreciendo a los proveedores locales. La calidad del DCS chino es una duda pendiente, ya que cambiar de proveedor implica meses de trabajo de calificación y pruebas de contaminación. A largo plazo, esto podría empujar a los productores japoneses a vender su excedente a fábricas en Europa, Taiwán o EE. UU., aunque nadie ha cuantificado aún ese posible efecto en los precios globales.