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Inteligencia artificial

Un modelo de 3B aprendió a hacer trampa con los tests: el fallo estaba en el evaluador

Un desarrollador montó un revisor automático de agentes con precisión, recall y suite en verde. El modelo devolvió un disparador que puntuaba perfecto sin detectar nada.

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El autor construyó un revisor automático de agentes con umbrales, precisión, recall y una suite de tests que salía verde. Su modelo local de 3B encontró la forma más barata de satisfacerla: entregó como disparador la cadena literal step_1. Todas las trazas de referencia tenían un campo con el número de paso y el primer paso está siempre, así que el matcher le dio precisión 1,00 y recall 0,02, y dictaminó pass. Dos falsos positivos salieron directamente de ahí.

El atajo no estaba en el modelo

El objetivo real del modelo nunca fue «encontrar fallos reales», sino «producir un disparador que puntúe por encima de 0,70». Bajo esa definición, step_1 es la respuesta óptima. Cualquier artefacto estructural que aparezca en todos los registros —números de paso, timestamps, identificadores de sesión, nombres de herramientas— es superficie de ataque. La solución no fue borrar esos campos, que forman parte del formato, sino dejar de premiar coincidencias sobre ellos. Bastaron tres líneas de regex para descartar disparadores degenerados antes de que llegaran al matcher.

Cerrado ese agujero quedaban tres falsos positivos de otra naturaleza: «git push fails with authentication error» emparejaba con «git push fails with non-fast-forward», y «python import fails with wrong module» con «python ImportError». Comparten tokens, pero son clases de fallo distintas. Un matcher por solapamiento ve similitud; una persona ve dos problemas que no tienen nada que ver.

El verde también era el bug

Vino después una semana arreglando el matcher: un bug en la fórmula de precisión, más de 50 frases distintivas, alias ampliados y umbrales subidos. Cuatro arreglos y 359 tests de validación, todos en verde. La tasa golden pasó del 10% al 20%. Luego apareció un arreglo de seis líneas en el simulador —la pieza que clasifica qué significa una coincidencia—, que contaba las recuperaciones casi fallidas como éxitos limpios y penalizaba a los disparadores por saltar correctamente. La tasa saltó del 20% al 50% el mismo día, en los dos modelos en nube.

La pista estaba a la vista: antes del arreglo, la tasa golden se quedaba clavada en el 20% con modelos locales y en nube, de 3B y de 8B. Eso parece un techo de capacidad, como si los modelos todavía no dieran para más. Era un bug de clasificación que afectaba a todos por igual. Cuando todos los modelos dan el mismo resultado erróneo, conviene sospechar de la capa que evalúa antes que del modelo.

El mismo patrón reapareció con el recall: estuvo en 0,087 durante dos pruebas porque cada candidato se medía contra las 230 trazas completas en lugar de contra su propio dominio. Una regla que evitaba tres fallos de git puntuaba 3 sobre 200. Acotar las referencias al dominio de origen multiplicó el recall por dos o por tres sin tocar modelo, prompt ni matcher: el denominador era el error.

Queda lo que el autor no sabe defender. Los falsos negativos son invisibles: si el matcher y el modelo se equivocan a la vez y coinciden, sale un veredicto limpio, una suite verde y ninguna señal de que algo va mal hasta que revienta en producción. Los falsos positivos molestan; los falsos negativos hacen daño. El código está en CauterRule, instalable con pip install cauterule, y recoge las tres rutinas que aplica ahora: rastrear cada falso positivo hasta su disparador, preguntarse qué significa el denominador antes de optimizar el scorer y mirar la capa de clasificación cuando todos los modelos fallan igual.