Un fallo de software de un milisegundo dejó en tierra 2.000 vuelos en Reino Unido
El informe preliminar de NATS descarta el error humano: la avería en el módulo que asigna códigos de vuelo duró menos de un milisegundo y arrastró a aeropuertos de todo el país.
El gestor del tránsito aéreo británico ya sabe por qué su sistema se fue al suelo el pasado 8 de septiembre. El informe preliminar que NATS publicó el día 18 atribuye la caída a un fallo de software que ocurrió entero dentro de un milisegundo y descarta la hipótesis que se manejó durante días: no hubo error de los controladores ni del personal militar.
El módulo afectado es el que reparte los códigos de vuelo que los controladores usan para identificar cada aeronave en el radar. Cuando ese reparto falla, la operación se queda sin referencia. Según el CEO de la compañía, Martin Rolfe, «el problema está en el software de un módulo concreto del sistema de datos de vuelo y ya se ha localizado un fragmento pequeño de código». Rolfe sostiene que la causa no es una actuación incorrecta de los operadores, y añade que el episodio no guarda relación con el fallo de agosto de 2023 ni con el del radar de julio de 2025.
Mitigación sin arreglo definitivo
La compañía ha aplicado medidas de contención mientras prepara la corrección: el arreglo permanente no se desplegará hasta que pase las pruebas correspondientes. Es decir, el sistema sigue funcionando con parches provisionales y sin una solución cerrada sobre la mesa.
El alcance del incidente fue enorme: más de 2.000 vuelos cancelados y cientos de miles de pasajeros afectados. Los aeropuertos de Heathrow, Gatwick, Manchester y Birmingham fueron los más golpeados según los datos de FlightRadar. Heathrow, uno de los más transitados de Europa, llegó a paralizar las salidas al mediodía del día 8, las reanudó después y volvió a atascarse esa misma tarde. El impacto cruzó el mar: aeropuertos de Irlanda también notaron el desvío de tráfico.
Presión política y revisión externa
El asunto ha dejado a NATS en el centro de las críticas, con voces que piden la dimisión de Rolfe. La ministra de Transporte, Heidi Alexander, se reunió con él para exigir una investigación completa y ha encargado a la Autoridad de Aviación Civil británica una revisión independiente que valide las conclusiones del informe preliminar, que ya tiene en su poder.
Lo que queda por ver es doble. Primero, cuándo llega el arreglo definitivo, porque una contención no es una solución y basta con que ese fragmento de código vuelva a ejecutarse mal para repetir el colapso. Segundo, qué dice la revisión independiente sobre cómo un fallo de un milisegundo en un único módulo puede tumbar la operación aérea de un país entero. Para quien opera sistemas críticos, el caso es un recordatorio incómodo: la ventana de fallo no tiene por qué ser larga para llevarse por delante todo lo que va detrás.

