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Uber despide al 10% de su plantilla mientras la IA se come el trabajo diario

La compañía recorta unos 3.300 puestos sin citar la IA como causa, pero seis despedidos describen un uso de asistentes internos mucho mayor del que se cuenta

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Uber ha despedido a unos 3.300 empleados, el 10% de su plantilla global, y Dara Khosrowshahi justificó el recorte por la necesidad de aplanar la organización: sobran equipos en los que un responsable tiene uno o dos subordinados directos. En el memo que anunció los despidos no citó la IA. Seis personas afectadas sostienen que, mientras tanto, los asistentes han ganado terreno en buena parte del trabajo diario, hasta el punto de que algunos delegaban en un modelo una porción considerable de sus tareas.

Según estos testimonios, el uso se amplió de forma clara en los últimos meses. Uno de ellos calcula que una herramienta de IA dejó su trabajo en una quinta parte del tiempo que le costaba antes. Otro lo resume con una imagen: para mucha plantilla, la IA es explosivos enterrados bajo el puente.

Genie, Glean, Gemini y ChatGPT

En el negocio publicitario, los jefes de equipo pedían preparar las reuniones con clientes usando Gemini y ChatGPT. "Nos exigían usar la IA de forma continua, es parte de la rutina diaria", cuenta un empleado. Uber presentó el año pasado Genie, un chatbot desplegado en varios canales internos de Slack que responde a partir de la documentación corporativa y cita la fuente. Ese mismo trabajador asegura que Genie ha absorbido además parte de las orientaciones que antes daba un responsable: "Si otra persona sabe la respuesta, también contesta, pero cuando preguntamos solemos recibir respuesta de la IA".

En atención al cliente aparece Glean, entrenado igualmente con documentación interna. Su uso previsto era localizar información; en la práctica, el personal copiaba y pegaba la respuesta generada directamente en la conversación con el usuario. "No es el uso previsto, pero cuando nuestra base de conocimiento falla es una herramienta que sirve", admite otro empleado.

Las consignas no son uniformes. Algunos recibieron la instrucción contraria: que la IA no hiciera el trabajo por ellos. Kori X, ex evaluadora del equipo de IA generativa de la compañía, describe la contradicción: "También nos dieron esta pauta: no dejes que ChatGPT haga tu trabajo. Creo que ellos mismos están en conflicto, si estas personas solo usan ChatGPT, por qué pagarles". Otro despedido, en cambio, no percibió esa presión y califica a Uber de más contenida que otras tecnológicas: sesiones dedicadas a explicar qué puede y qué no puede hacer la IA, y límites al uso de imágenes generadas en la comunicación externa.

El presupuesto de Claude no dio retorno

Uber ha contado que metió ingenieros de despliegue en "equipos de agentes" para buscar casos de uso en finanzas y recursos humanos. En el primer semestre de este año, según uno de los entrevistados, empezó a recortar o cerrar cupos de servicios como Claude. En esas mismas fechas, los directivos reconocieron que la empresa se había gastado el presupuesto anual de Claude sin observar una mejora de productividad a la altura del dinero invertido.

Ahí está el nudo. Se pide usar IA a diario y a la vez se recortan las licencias cuando la factura no se traduce en resultados, y quien despliega asistentes parecidos en su propia casa se topa con la misma pregunta: qué parte de la adopción responde a una capacidad real y qué parte a la obligación de justificar la compra. Uber no ha enseñado ninguna medición interna que aclare cuál de las dos pesa más.