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Springshot impugna la venta de datos de Spirit a Google: dice que parte es suya

El proveedor de software aeroportuario sostiene que el archivo subastado en la quiebra de la aerolínea contiene registros generados por su plataforma y pide revisión forense antes de la entrega.

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Google se ha adjudicado en subasta el archivo de datos de Spirit Airlines con una puja de 10 millones de dólares, dentro del proceso de quiebra de la aerolínea. Springshot, proveedor de software para operaciones aeroportuarias, ha presentado una objeción: sostiene que una parte de ese material no es de Spirit y no se puede transferir sin más.

El lote es considerable. Unos 100 millones de correos, 500 millones de mensajes de Microsoft Teams y registros de colaboración, además de hojas de cálculo, código y datos operativos. Google ha reconocido públicamente que quiere ese material para sus productos y sus modelos de IA, y ha dicho que un tercero eliminará la información personal identificable antes de la entrega. La compañía no recibirá datos personales, según su versión.

La objeción de Springshot apunta a otro sitio. La empresa lleva 15 años desarrollando su plataforma y la tiene desplegada en más de 475 aeropuertos. Conecta a personal de primera línea, sistemas operativos e información en tiempo real para coordinar tareas como preparar un avión para el despegue o gestionar servicios de tierra. De ese trabajo sale un registro detallado de condiciones, decisiones y resultados. Su consejero delegado, Doug Kreuzkamp, sostiene que no es una simple transcripción digital del negocio de Spirit: son conjuntos de datos estructurados por vuelo que su software genera combinando interacciones de los trabajadores, señales de otros sistemas y requisitos operativos.

La línea entre lo que aporta el cliente y lo que produce el software

La objeción cita una cláusula contractual que atribuye a Springshot los derechos sobre cualquier dato o información generada por el servicio o el software. Kreuzkamp separa dos cosas: los correos, los chats y las hojas de cálculo financieras de Spirit son de la aerolínea, dice, pero los resultados que produce su plataforma no. En declaraciones escritas, avisa de que si el conjunto incluye datos operativos propietarios y secretos comerciales de Springshot, sería un atajo para construir una IA capaz de orquestar operaciones aeroportuarias.

Las garantías de Google sobre privacidad no responden a esa pregunta. Lo que se discute es quién puede autorizar la transferencia. Springshot quiere que el tribunal excluya explícitamente su propiedad intelectual de la operación y que impida usos contrarios a su acuerdo de licencia. El proveedor también ha explicado por qué se le pasó el plazo original de objeción: no tenía motivos para pensar que Spirit vendería propiedad ajena.

No es el único que se opone. International Aero Engines LLC e IAE International Aero Engines AG han presentado impugnaciones separadas por motivos parecidos, invocando acuerdos de confidencialidad con la aerolínea. La Asociación de Auxiliares de Vuelo-CWA ha cuestionado aparte el tratamiento de los datos de empleados: aunque Spirit dice que se seudonimizarán, el sindicato argumenta que los enlaces que se conservan entre conjuntos permitirían reconstruir información sobre personas o grupos pequeños.

Hay además un comprador competidor. La empresa de datos de entrenamiento micro1 presentó tras la subasta una propuesta de 12,5 millones de dólares y se comprometió a no desarrollar un producto de operaciones aeroportuarias ni a licenciar el conjunto operativo para ese fin, con restricciones añadidas sobre datos laborales sensibles. Kreuzkamp ha dicho que agradece el gesto, pero que sigue queriendo su propiedad fuera. La venta necesita el visto bueno del tribunal: la vista se ha aplazado varias veces y está fijada para el 30 de septiembre.

El fondo del asunto va más allá de la aviación. Cuando el software convierte la actividad de un cliente en un conjunto de datos útil para entrenar modelos, ¿de quién es el resultado? El problema práctico es que esos productos generados siguen dentro de los sistemas del cliente aunque el proveedor reclame su titularidad. Springshot dice que está revisando su propio contrato y sus salvaguardas técnicas para identificar, compartir y almacenar esos datos antes de que acaben siendo material de entrenamiento de otro.