Reversible computing: la nueva apuesta para que los chips reciclen su energía
La startup Vaire Computing ha logrado un resonador que recupera más energía de la que gasta, un paso clave para la computación reversible.

La historia del chip ha tratado el calor residual como un coste inevitable de cada cálculo. Hannah Earley, cofundadora y CTO de Vaire Computing, lo ve como una decisión de diseño. Su empresa construye chips que reciclan la energía que normalmente se pierde en forma de calor, una estrategia conocida como computación reversible. La idea no es nueva: se propuso hace más de 50 años, pero nunca fue práctica con los transistores actuales. Earley ha rediseñado el hardware desde cero y ha patentado un tipo de resonador, un componente microscópico que almacena la energía recuperada para reutilizarla. Ella lo describe como “un péndulo glorificado”. El año pasado, Vaire anunció un hito: un chip con un resonador que recuperaba más energía de la que perdía, incluso descontando la energía necesaria para alimentar el componente. Para un subcampo que ha vivido sobre todo en la teoría, fue una prueba de vida. “Está claro que tienen algo interesante”, dice Igor Markov, investigador en automatización de diseño electrónico y ex profesor de la Universidad de Michigan. Pero advierte que la tecnología está en una fase muy temprana: la compañía necesitará “una serie de demostraciones cada vez más realistas y convincentes para atraer el apoyo de la industria que permita su comercialización”. El enfoque de la computación reversible consiste en no borrar la información intermedia de un cálculo, sino conservarla para poder ejecutar el proceso hacia atrás y recuperar parte de la energía. Es como un coche que no frenara en cada cruce: mantiene el impulso y consume menos combustible. Earley empezó a programar a los nueve años y acabó en el doctorado en Cambridge, donde leyó la tesis de Michael Frank, pionero de la computación reversible, y se convenció de que la conexión entre información, energía y calor podía cambiar los ordenadores para siempre. Tras doctorarse en 2021, fundó Vaire con el empresario Rodolfo Rosini. La empresa ha recaudado más de 12 millones de dólares, ha contratado a Frank como científico senior y ha empezado a convertir la visión en hardware real. El camino no ha sido fácil: durante el invierno de 2022, Earley pasó semanas en un sótano en Iowa, dibujando esquemas en una pizarra, hasta que el diseño encajó. El reto ahora es hacer que este chip tan diferente encaje en los dispositivos y procesos de fabricación actuales. “Quiero abordar cada parte de cómo se construyen los ordenadores y repensarla en estos términos”, dice Earley. Lo que queda por ver es si la computación reversible puede escalar y convertirse en algo más que una curiosidad de laboratorio. De momento, es una de las vías más serias para reducir el consumo energético de los centros de datos y, quizá algún día, de nuestros propios dispositivos.

