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La escasez de memoria cambia el diseño de móviles y portátiles: ya es el 60% del coste

Los fabricantes pequeños pierden la batalla del precio y ahora pelean por conseguir chips: Fairphone cifra la memoria en cerca del 60% del coste de materiales.

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La escasez de memoria está cambiando la forma en que se diseñan los teléfonos y los portátiles. Los fabricantes pequeños han dejado de discutir solo el precio: el problema es conseguir los chips, y eso les obliga a rediseñar productos, cerrar pedidos con meses de antelación y verificar la memoria que reciben para descartar unidades falsificadas.

Fairphone pone cifra al desaguisado: la memoria supone ya cerca del 60% del coste de materiales de un dispositivo. Hace unos años era una partida más de la lista; ahora es la que decide si un producto sale adelante o se queda en el cajón.

Disponibilidad antes que precio

El informe de Reuters que recoge el asunto apunta a que la disponibilidad pesa más que el precio. No es solo que la memoria esté cara, es que no se consigue asegurar el volumen, y eso revienta cualquier planificación. Un fabricante mediano no tiene el poder de compra de Apple o de Samsung, así que su margen se reduce a reservar antes que el vecino y cruzar los dedos para que el pedido llegue completo.

La segunda consecuencia es menos vistosa y bastante más sucia: hay que comprobar que los chips son lo que dicen ser. Cuando falta suministro, el mercado gris de memoria se llena, y el remarcado o el falseado de módulos pasa de anécdota a riesgo de producción. Quien compra sin trazabilidad acaba montando memoria que no cumple especificaciones, con devoluciones y garantías que se comen el ahorro.

En el mismo contexto, Counterpoint Research proyecta para 2026 la mayor caída anual de envíos de smartphones registrada, con la crisis de memoria y los shocks geopolíticos confluyendo en el mismo ejercicio.

Quien compra hardware por volumen —parque de portátiles, estaciones de trabajo, servidores— lo hace en el mismo mercado de DRAM que ahora mismo se reparte a golpe de pedido anticipado. La verificación de componentes y la trazabilidad del proveedor dejan de ser una casilla de cumplimiento y pasan a ser una partida del presupuesto, igual que el precio por gigabyte. Lo que no está claro es cuánto va a durar el cuello de botella: los fabricantes planifican a meses vista y el suministro se asigna por anticipado.