EEUU prohíbe baterías chinas en sistemas de almacenamiento de red y obliga a buscar alternativas locales
Un decreto ejecutivo del gobierno de Trump declara emergencia nacional y prohíbe el uso de baterías importadas de China en proyectos de almacenamiento a gran escala, lo que complicará la expansión del mercado energético.

EEUU ha anunciado que, a partir de 2026, el 55 % del coste de los materiales de nuevos proyectos de almacenamiento de energía deberá provenir de fuera de China y otros países restringidos, de lo contrario no se otorgarán los créditos fiscales previstos por la Ley de Reducción de la Inflación. La medida se consolida con un decreto ejecutivo firmado a finales de agosto que declara una emergencia nacional y prohíbe la instalación de “cualquier equipo eléctrico de sistemas de energía a gran escala producido en el extranjero” que represente un riesgo de seguridad, apuntando directamente a los sistemas de baterías de almacenamiento, inversores y transformadores (decreto ejecutivo).
El sector de almacenamiento está creciendo a ritmo récord, impulsado por la necesidad de estabilizar la red y absorber la generación intermitente de eólica y solar. Hasta ahora, la mayor parte de la expansión se ha apoyado en baterías baratas de origen chino. La prohibición provocará retrasos mientras los desarrolladores esperan la guía del Departamento de Energía, prevista para finales de año, y buscan fuentes alternativas, ya sea producción nacional o importaciones de Corea del Sur, Japón o Europa, que resultan más caras.
Analistas de BloombergNEF advierten que la medida podría frenar la puesta en marcha de proyectos y, en el peor de los casos, cancelar algunos de ellos. Isshu Kikuma, analista de almacenamiento en BloombergNEF, señala que “los costos de las baterías estadounidenses siguen siendo significativamente superiores a los chinos y, aunque los importes de otros países son una opción, también elevan el gasto”. La orden se extiende incluso a instalaciones ya operativas, aunque es poco probable que se desconecten por el origen de sus baterías.
A largo plazo, el objetivo es lograr la autosuficiencia antes de 2030, aunque la capacidad instalada podría no cubrir la demanda hasta mediados de la década de 2030. Nuevas fábricas de LG Energy Solutions, Samsung SDI, Ford y SK On se incorporarán o ampliarán el próximo año, y la desaceleración del mercado de vehículos eléctricos está permitiendo que algunas líneas de producción se reorienten a baterías de red.
Esta política se suma a otras acciones recientes, como el aumento del arancel a las baterías importadas del 7,5 % al 25 % en enero y la restricción de los créditos fiscales según el origen de los minerales y la ubicación del ensamblaje. El enfoque busca reducir la dependencia de una única fuente, pero también encarece la transición energética, lo que plantea un dilema entre costes inmediatos y seguridad de suministro a futuro.

