BioCompute reutiliza plantillas para escribir datos en ADN a 1 dólar por megabyte
La empresa incubada en Berkeley dice haber bajado el coste de escritura a 1 dólar por megabyte reutilizando plantillas en lugar de sintetizar ADN nuevo. Su objetivo declarado es 1 dólar por terabyte.

BioCompute afirma haber llevado el coste de escribir datos en ADN hasta 1 dólar por megabyte, una cifra muy por debajo de lo que cuesta sintetizar hebras nuevas. La compañía, incubada en Berkeley, no intenta fabricar ADN más barato: reutiliza plantillas y las marca en lugar de construir cada secuencia desde cero. Ese cambio de enfoque es, en la práctica, toda la empresa.
El problema que ataca lo conoce cualquiera que haya pagado una factura de archivo: el mundo genera cada año más información de la que puede permitirse conservar, y la mayor parte es fría. Casi nunca se lee, pero no se puede borrar, así que se acumula en cinta y disco que se degradan, consumen energía y hay que sustituir cada pocos años.
Escribir y leer como una sola pila
El ADN lleva años siendo la salida teórica: es más denso que cualquier cosa que ofrezca el silicio y aguanta siglos. El medio nunca fue el problema; el coste de escribir en él, sí. Durante años el sector buscó ese coste en una sola dirección, abaratando la síntesis. BioCompute sostiene que el error estaba justo ahí, en fabricar.
Su propuesta es un dispositivo de almacenamiento completo, no una técnica suelta. Escribe con un proceso enzimático sobre plantillas reutilizables y lee con un sistema de nanoporos que ha licenciado y está ajustando para que encaje con la escritura. Diseñar ambas partes la una para la otra es su vía para bajar de ese dólar por megabyte al objetivo que declara: 1 dólar por terabyte.
Al frente está Anagha Rajesh, que dejó un doctorado en terapia génica en Oxford para fundar la empresa y figura como coautora de lo que se presenta como el primer libro de texto sobre almacenamiento de datos en ADN. Un cofundador entrante une adquisición de señal y biología molecular, las dos disciplinas que un sistema así tiene que dominar para escribir limpio y leer de forma fiable.
De momento no hay producto ni despliegue, y la cifra de coste la da la propia compañía, no un tercero que la haya reproducido. Rajesh plantea el archivo frío como cabeza de puente: el mismo principio, escribir información en una molécula y volver a leerla, apunta a niveles de latencia más bajos y, más adelante, a computar con biomoléculas en lugar de limitarse a guardar en ellas.

