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Una señal oculta en el océano podría predecir la explosión de huracanes

Un estudio identifica que los gradientes débiles de temperatura superficial reducen el enfriamiento del agua y permiten que las tormentas se intensifiquen rápidamente.

El huracán Karina, que actualmente azota el Pacífico oriental, pasó de ser una tormenta tropical a un ciclón de categoría 4 en cuestión de horas. La suerte está de su lado, pues no se espera que impacte directamente tierra firme, pero su caso ilustra un problema creciente: los ciclones se están fortaleciendo con una rapidez que los modelos actuales apenas pueden seguir. Un equipo de investigadores ha publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences un hallazgo que podría mejorar esas previsiones. Han identificado una señal en el océano que actúa como indicador de que una tormenta está a punto de explotar en intensidad.

El combustible no se agota tan rápido

El agua cálida es el combustible de los huracanes. La lógica tradicional dicta que, cuanto más caliente esté la superficie, más energía tendrá la tormenta. Sin embargo, las tormentas suelen auto-limitarse. Sus vientos potentes mezclan las capas del océano, trayendo agua fría desde las profundidades hacia la superficie. Este enfriamiento reduce el suministro de energía y frena el crecimiento del ciclón. El estudio, liderado por Zhengguang Zhang de la Universidad del Océano de China, se centra en un factor que no se modela bien en la mayoría de los sistemas operativos actuales: los gradientes horizontales de temperatura superficial (SSTG, por sus siglas en inglés).

En términos sencillos, el gradiente mide cómo cambia la temperatura del agua en una distancia horizontal dada. Si hay una zona muy caliente junto a otra muy fría en pocos kilómetros, el gradiente es fuerte. Si la temperatura es homogénea, el gradiente es débil. El equipo analizó datos de ciclones globales entre 2003 y 2022 usando mediciones satelitales de alta resolución. Los resultados fueron claros: los gradientes débiles parecen inhibir ese efecto de enfriamiento superficial. Cuando el océano está más uniforme en temperatura, la tormenta no encuentra esa resistencia térmica y puede seguir absorbiendo calor sin que la superficie se enfríe significativamente.

Los datos son contundentes. Los ciclones que se desarrollaron sobre gradientes débiles alcanzaron intensidades hasta un 40 % superiores a aquellos sobre gradientes fuertes. Además, cerca del 70 % de los episodios de intensificación rápida ocurrieron bajo condiciones de SSTG débil antes de la llegada de la tormenta. Zhang matiza que este no es un predictor independiente, sino una señal complementaria: "No vemos los SSTG como un predictor por sí solo, sino como una señal oceánica adicional que podría complementar las herramientas de pronóstico existentes". Atmosfera, contenido de calor en la capa superior del océano y cizalladura del viento siguen siendo críticos.

Una tendencia preocupante

El otro hallazgo del estudio es más inquieto para el futuro. Desde 1993, los SSTG en las regiones donde se generan ciclones tropicales se han debilitado alrededor de un 10 % por década. Si la uniformidad térmica favorece la intensificación rápida, y el océano se está volviendo más uniforme, estamos encaminados a más tormentas que crecen de forma explosiva. Zhang sugiere que el calentamiento global podría estar detrás de esta homogeneización. A medida que el océano tropical se calienta, las diferencias de temperatura entre regiones disminuyen; las aguas más cálidas se limitan por la evaporación intensa, mientras que las zonas circundantes más frías continúan calentándose, reduciendo el contraste.

"Los cambios en la circulación oceánica a gran escala, la estratificación, la actividad a mesoescala y el forzamiento atmosférico también podrían contribuir", añade el investigador. Por ahora, la causa exacta de esta debilitación de gradientes requiere más estudio. Lo que está claro es que, a medida que el cambio climático crea condiciones más peligrosas, entender la red compleja de factores que hacen que los huracanes aumenten su potencia se vuelve urgente. Contar con una señal oceánica detectable días antes de la llegada del ciclón es un paso adelante en una industria donde el tiempo de preparación es la única defensa real.

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