Hardware··2 min de lectura

Una demanda colectiva acusa a Oura de inventar la clasificación de etapas del sueño

La firma Clarkson alega que el anillo no mide señales cerebrales y se basa en IA para adivinar tu descanso, algo que Oura niega.

La firma de abogados Clarkson de San Francisco ha presentado una demanda colectiva contra Oura. El documento acusa a la compañía de exagerar la precisión de su anillo inteligente y de afirmar que puede medir el sueño cuando, en realidad, solo lo estima mediante modelos de inteligencia artificial. El problema legal radica en que el sueño clínico se define por actividad eléctrica cerebral, movimientos oculares y tono muscular, señales que un smartwatch o anillo no pueden captar sin electrodos médicos. Como Oura no mide ninguno de estos parámetros, la demanda sostiene que la empresa vende información que no está recopilando directamente.

La respuesta de la defensora de la privacidad

En respuesta a la señalización, un portavoz de Oura envió un comunicado aclarando que su dispositivo funciona igual que otros wearables de consumo: utiliza múltiples señales fisiológicas como la frecuencia cardíaca, la variabilidad de la frecuencia cardíaca, el movimiento, los patrones de respiración y la temperatura corporal. La empresa defiende que su algoritmo de clasificación de etapas del sueño se basa en investigaciones que incluyen más de 1.200 noches de datos recopilados. Además, Oura señala que han publicado un artículo revisado por pares que describe el desarrollo de este algoritmo y que varios estudios independientes de terceros respaldan sus afirmaciones de precisión. Por ahora, este conflicto legal no ha cambiado la percepción general del dispositivo, que sigue siendo considerado uno de los más precisos en el mercado de los anillos inteligentes.

El debate trasciende el litigio y toca un nervio sensible en la tecnología de salud: la confianza en la IA aplicada al cuerpo humano. Los dispositivos de consumo no son instrumentos médicos, pero los usuarios los tratan como si fueran diagnósticos confiables. Si la IA falla o se equivoca en la interpretación de las señales de entrada, el usuario recibe una recomendación de sueño potencialmente errónea. Es una línea fina entre la guía personalizada y la prescripción médica no regulada. Esta demanda podría forzar a las marcas a ser más transparentes sobre qué están midiendo realmente y qué están adivinando con matemáticas, un matiz que muchos consumidores ignoran al comprar un dispositivo de 300 dólares por sus promesas de salud.

##Relacionado