Reconocimiento facial en Londres: 500.000 caras escaneadas y cero detenciones
Seis meses de cámaras de reconocimiento facial en directo en estaciones británicas dejan más de 500.000 caras escaneadas, 320.000 libras de gasto y una única alerta, que resultó falsa.

La British Transport Police (BTP) ha cerrado seis meses de pruebas de reconocimiento facial en directo (LFR) en estaciones de tren de Londres con más de 500.000 caras escaneadas, un coste superior a 320.000 libras y una sola alerta, que además resultó ser un falso positivo. Ninguna detención se derivó directamente del sistema.
El despliegue, sin embargo, sigue en pie. La policía de transporte ha prorrogado el piloto hasta noviembre y lo ha extendido a una selección de estaciones del metro. Desde esa ampliación, según la propia BTP, ha habido tres alertas positivas confirmadas: personas que después se comprobó que estaban cumpliendo órdenes de prevención de daños sexuales u otras condiciones impuestas por un tribunal. Es decir, gente que ya estaba cumpliendo lo que le habían impuesto.
Cuando Transport for London anunció su apoyo a la prórroga, defendió que la tecnología "se dirigirá a las personas que figuran en las listas de vigilancia policial y las identificará en estaciones clave elegidas por su máximo impacto", y que servirá para "abordar específicamente la violencia contra las mujeres y las niñas, cuyos hábitos de viaje están condicionados por experiencias de acoso y agresiones sexuales".
La proporcionalidad, sobre la mesa
Fraser Sampson, ex comisionado de biometría y cámaras de vigilancia del Reino Unido, pide que se demuestre que el uso es proporcionado. "Hay muchas variables y todas tienen que alinearse: la elección del lugar, las horas del día, la composición de la lista de vigilancia y la probabilidad de que esas personas estén presentes, entre otras muchas cosas", señala. Sampson, hoy directivo de Facewatch, empresa que opera sistemas de reconocimiento facial en comercios, sostiene que la tecnología funciona, pero que usarla en una tienda para disuadir a ladrones no se parece a desplegarla en una red de transporte público: "El éxito en un comercio significa que esa gente no entre. El éxito para la policía que intenta detener a personas significa que se las detenga. En ese sentido, la prueba no parece haber sido muy fructífera".
Conviene tener claro un detalle técnico que el propio Sampson subraya: si no estás en una lista de vigilancia, las cámaras de LFR no te "ven" y no retienen tu imagen como haría un circuito de videovigilancia convencional. Aun así, procesan datos personales de categoría especial, y ahí está el nudo: el uso tiene que ser adecuado, proporcionado y necesario, y es la policía quien debe demostrarlo. Sampson recuerda que la ICO, la autoridad británica de protección de datos, ha señalado que los consejos de supervisión deben exigir cuentas a los cuerpos policiales por ello.
El balance deja una pregunta incómoda para cualquiera que planteé desplegar biometría a escala: el coste y la carga operativa son reales, y la tasa de acierto depende por completo de la calidad de la lista de vigilancia. Un sistema que solo reacciona ante quien ya está en una lista hereda todos los errores de esa lista, y encima añade los suyos. Como el falso positivo que generó esta prueba.

