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La siembra vaginal en cesáreas: una idea prometedora sin evidencias

Un experimento para transferir bacterias vaginales a bebés nacidos por cesárea mostró resultados iniciales esperanzadores, pero la evidencia actual no respalda su uso.

Nacer por cesárea implica no pasar por el canal del parto, y con ello, perderse la primera carga de bacterias maternas que colonizan al bebé. Esa idea llevó a la 'siembra vaginal' (vaginal seeding), una técnica que consiste en frotar al recién nacido con una gasa empapada en fluidos vaginales de la madre para compensar esa falta. Pero quince años después de que se popularizara, la evidencia científica no la respalda.

El origen de la idea

En 2016, la revista Nature publicó un estudio piloto liderado por Maria Gloria Dominguez-Bello. El procedimiento era sencillo: antes de la cesárea, se introducía una gasa estéril en la vagina de la madre; tras el nacimiento, se frotaba por la boca, la cara y el cuerpo del bebé. Los resultados iniciales parecían prometedores: durante el primer mes de vida, los bebés expuestos a esa gasa presentaban una microbiota oral y cutánea más parecida a la de los nacidos por parto vaginal. Pero el estudio era diminuto: solo 18 neonatos, de los cuales únicamente 4 recibieron la exposición.

El choque con la realidad

La comunidad científica trató de replicar y ampliar esos hallazgos, buscando beneficios clínicos reales, como menos asma o alergias. Tras varios años, las revisiones sistemáticas concluyen que la evidencia sobre esos beneficios es muy incierta. Es cierto que a corto plazo se observan cambios en la composición del microbioma, pero esos efectos se diluyen con el tiempo. Factores como la alimentación, el entorno y, sobre todo, la lactancia materna, tienen un impacto mucho mayor en el desarrollo del microbioma intestinal del bebé.

El riesgo de seguridad

El mayor problema no es la falta de beneficios, sino el riesgo de transmitir patógenos peligrosos. El canal vaginal no solo contiene bacterias beneficiosas como los Lactobacillus, también puede albergar estreptococo del grupo B, virus del herpes simple, papiloma o VIH. Aunque se hacen cribados a las madres, no son infalibles. Por eso, los médicos desaconsejan la práctica fuera de ensayos clínicos controlados.

Qué queda por ver

La siembra vaginal sigue siendo un campo de investigación, pero por ahora no hay razones para recomendarla. Queda por ver si con mejores métodos de selección y seguimiento se podrían identificar subgrupos de bebés que se beneficien, pero la prudencia manda: la salud de los recién nacidos no es un laboratorio.

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