La escasez de DRAM dispara el coste del wafer 1b un 54% por encima del N2 de TSMC
Un wafer de DRAM 1b cuesta 0,654 dólares por milímetro cuadrado frente a los 0,424 del nodo N2 de TSMC, pese a fabricarse con un proceso mucho más sencillo. La escasez de memoria general explica el vuelco.

Kernel Insight, firma coreana de análisis de semiconductores, ha puesto cifra a algo que quien compra memoria lleva meses notando en el presupuesto: el wafer de DRAM 1b sale a 0,654 dólares por milímetro cuadrado, un 54% más que los 0,424 dólares del wafer N2 de TSMC. Lo chocante del dato no es el sobreprecio en sí, sino que el producto caro se fabrica con un proceso mucho más sencillo que el barato.
Un nodo simple que cotiza por encima de un 2 nm
El 1b es el nodo con el que se produce DDR5: celdas por debajo de los 10 nanómetros y una densidad de bits de unos 0,436 Gb por milímetro cuadrado. De ahí salen los módulos DDR5 de sobremesa, en capacidades de 16, 32 y 64 GB con gamas altas que llegan a 128 y hasta 512 GB; los SO-DIMM y las pastillas LPDDR5 que van soldadas en portátiles; y los RDIMM y LRDIMM con ECC para servidores, con módulos de hasta 256 GB y máquinas que ya se configuran con 12 TB de memoria. Parte del nodo se destina también a las bases apiladas de HBM3E.
El N2 de TSMC es otra cosa: 2 nanómetros, multipatrón y ultravioleta extremo. El 1b, aun siendo sub-10 nm, tiene una estructura más simple y un control de rendimiento más llevadero. Si el coste por área dependiera de la dificultad del proceso, el wafer de memoria debería ser el barato. No lo es.
La escasez manda
El motivo del vuelco es la falta de DRAM de propósito general. La oleada de servidores para IA se traga la HBM y los módulos DDR5 de alta capacidad, mientras los tres grandes fabricantes de memoria han ampliado capacidad a un ritmo inferior al que crece la demanda. El resultado es un mercado donde el precio lo fija el que necesita el chip, no el que lo fabrica.
El consejero delegado de SK hynix sostiene que la industria de la IA no puede funcionar sin memoria, y la compañía está acelerando la implantación de la próxima generación en sus plantas de todo el mundo. El presidente de Acer, por su parte, calcula que la escasez no se estirará hasta 2030, pero sí espera que los precios sigan subiendo hasta que el mercado se relaje a mediados de 2027.
Para quien monta o renueva infraestructura, la consecuencia es directa: la memoria pesa cada vez más en el coste de un servidor y los plazos de entrega dependen de un mercado que no se descomprime a corto plazo. Dimensionar de más sale caro y comprar tarde también, así que la planificación de capacidad y las renovaciones por fases van a ser la norma durante un par de ejercicios.

