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Gotas de lluvia cargadas pueden corroer recubrimientos de Teflon y cobre

El estudio del Max Planck revela que gotas con pequeñas cargas eléctricas deterioran la protección de metales, un factor nuevo en la corrosión.

Gotas de lluvia que llevan cargas eléctricas, aunque pequeñas, pueden corroer recubrimientos de Teflon y los metales que los subyacen. En un experimento, los investigadores del Instituto Max Planck para la Investigación de Polímeros dejaron caer miles de gotas cargadas sobre láminas de cobre recubiertas de Teflon en un ángulo de 50 grados. La capa de Teflon se degradó y el cobre quedó con un aspecto de piel rasurada, mientras que gotas sin carga no produjeron daño.

El fenómeno se explica con el proceso de tribocarga, donde la fricción entre una gota de agua y una superficie genera electricidad estática. Ni Zhongyuan, candidato a doctorado en el instituto, explica que el agua adquiere carga cuando se mueve sobre distintas superficies como hojas, plástico o vidrio. Este efecto, que ha existido durante siglos, nunca se consideró relevante para la corrosión.

Para comprobar su impacto, el equipo vertió agua sobre una hoja de planta, un tablero de espuma de cloruro de polivinilo, una placa de vidrio de poliestireno y un recubrimiento de PFOTS. Inicialmente, con apenas unas docenas de gotas, no se detectó desgaste. Sin embargo, tras dejar caer miles de gotas, el recubrimiento se rompió y el cobre se corroía. La carga de cada gota oscila entre 0,2 y 2,0 nanocoulombios, una fracción minúscula de un coulomb, pero la acumulación a largo plazo resulta significativa.

Guangwen Zhou, profesor de ingeniería mecánica en Binghamton, que no participó en el estudio, destaca que “el estado eléctrico de una gota puede influir en el inicio de la corrosión, además de su composición química”. Este hallazgo abre la posibilidad de diseñar recubrimientos que resistan la carga eléctrica, algo relevante para estructuras expuestas a lluvia o niebla.

El resultado invita a replantear los protocolos de protección de metales en entornos donde la humedad se mueve sobre superficies heterogéneas. Aunque el experimento se realizó en laboratorio, su aplicabilidad a edificios como la Torre Eiffel o a automóviles sugiere un riesgo real que merece seguimiento y nuevas pruebas en condiciones reales.

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