Forrester anticipa tarifas y avales para los datacenters que alimentan la IA
La consultora cree que gobiernos y utilities exigirán a los operadores financiar mejoras de red, reservar capacidad y avalar su demanda real antes de construir.
Los datacenters que sostienen la IA se están topando con el suelo, el agua y la red eléctrica. Forrester lo deja claro en sus predicciones de sostenibilidad para 2027: gobiernos y utilities obligarán a los operadores a financiar mejoras de red, pagar por capacidad reservada y dar garantías frente a la demanda especulativa. Además, los estudios de impacto comunitario se convertirán en una puerta que todo proyecto nuevo tendrá que pasar antes de empezar las obras.
La magnitud de lo que hay en juego la puso PwC este mes: el gasto acumulado en capital en datacenters de aquí a 2050 se moverá entre 22 billones y 50 billones de dólares, con una estimación central de 31,6 billones, más o menos un año de producción económica de Estados Unidos. Que esa capacidad se pueda conectar y refrigerar es otra cosa. “La ambición ilimitada de la IA se enfrenta a un ajuste de cuentas con recursos limitados”, resume la firma.
La red no firma cheques en blanco
El analista senior de Forrester Abhijit Sunil desarrolla el argumento: con este ritmo de peticiones, las utilities no pueden asumir que cada datacenter propuesto llegará a tiempo ni que consumirá la carga prometida. Construir generación y transmisión para una demanda hipotética deja a hogares y empresas pagando infraestructura varada. De ahí que la Casa Blanca ya haya pedido a los grandes proveedores cloud que generen su propia energía, financien ampliaciones de red y paguen la capacidad reservada aunque no la usen. Forrester espera que en 2027 al menos dos países conviertan ese principio de protección del consumidor eléctrico en tarifas u obligaciones equivalentes.
Para quien opera, la traducción es concreta: compromisos de pago mínimo a largo plazo, avales financieros, tarifas energéticas específicas y la obligación de bajar carga cuando la red esté tensionada. Los costes de cloud y colocation pasan a depender de la ubicación, del contrato eléctrico, de la madurez de la red local y de la capacidad del proveedor de generar o recortar potencia. Las empresas que escalan capacidad de IA a toda prisa heredarán esa estructura de costes.
Permisos más laxos, escrutinio más duro
Hay una contradicción en el caso estadounidense. En agosto, la EPA propuso eliminar los requisitos federales mínimos de participación pública en permisos de emisiones para fuentes menores, lo que podría facilitar que algunos proyectos eléctricos de datacenters salgan adelante sin aviso público. Ocurre justo cuando Forrester sostiene que la revisión de la comunidad será lo que decida qué instalaciones se construyen y cuáles no.
Para quien firma capacidad cloud, la consecuencia práctica es que la ubicación pesa más que nunca. Un datacenter en una red madura, con contrato eléctrico firme y respaldo político local, no costará lo mismo que otro en una región con la red al límite y vecinos organizados. Y las cláusulas de reserva de potencia empiezan a viajar del contrato de la utility al de la nube.

