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Infraestructura

Europa consume datacenter, pero sus empresas solo cubren el 6% de los chips

Un informe de la Global Electronics Association cifra en el 6% la cuota europea en semiconductores de datacenter, el 7% en ensamblado de servidores y el 8% en nube.

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La UE es uno de los mayores mercados mundiales de infraestructura de datacenter para IA, pero las empresas con sede en el bloque apenas rascan una parte del valor. Según la Global Electronics Association (GEA), las compañías europeas cubren el 6% del mercado de semiconductores para datacenter, el 7% de la fabricación y ensamblado de servidores y el 8% de la infraestructura cloud. El resto lo ponen proveedores de fuera.

El dato sale de el informe de la GEA, que llega en plena preparación de la Cloud and AI Development Act (CADA), la norma con la que Bruselas quiere al menos triplicar la capacidad de datacenter del bloque en un plazo de cinco a siete años. La asociación sostiene que esa demanda es la palanca para construir un ecosistema industrial propio y quedarse con más trozo de la ola de pedidos de servidores, sistemas electrónicos y componentes semiconductores que la ley debería estimular.

El mapa del suministro

Europa lleva años por detrás en casi toda la cadena de electrónica. Taiwán domina la fabricación por contrato y produce la mayoría de los procesadores de vanguardia, muchos de ellos diseñados por empresas estadounidenses. El mercado de memoria lo controlan proveedores surcoreanos y estadounidenses. Los grandes fabricantes de servidores son americanos, con Lenovo como excepción china, y en red y almacenamiento ocurre lo mismo. Al bloque le quedan pocos proveedores grandes propios.

El informe pide una estrategia de extremo a extremo para la cadena de suministro de datacenter: usar la demanda europea para atraer inversión privada y convencer a tecnológicas y fabricantes globales de que amplíen producción dentro de la UE. Parte de la idea de que los servidores, empujados por las cargas de IA, son el principal motor de crecimiento de la industria electrónica desde 2024, y de previsiones que los colocan como el mayor segmento electrónico en 2030, por delante de los smartphones y de la electrónica de automoción.

La GEA señala la Chips Act 2.0 y la CADA como pasos en la dirección correcta, pero avisa de que harán falta más instrumentos de política industrial para acompañarlas. Subraya que por primera vez las placas de circuito impreso, los servicios de fabricación electrónica, el packaging avanzado y los sustratos aparecen como objetivos explícitos de la estrategia europea, junto a la fabricación de semiconductores.

También reconoce que Europa no puede levantar esa cadena solo con empresas europeas. Propone aprovechar el atractivo del mercado comunitario para que los líderes globales amplíen aquí su huella manufacturera, con alianzas con tecnológicas y centros de investigación que repartan conocimiento por la industria electrónica de la región. El enfoque recuerda al impulso industrial de la administración Trump, aunque se apoya en incentivos en lugar de aranceles o amenazas de exclusión.

Queda abierto si los Estados miembros tienen la voluntad colectiva para algo así, y hasta qué punto es reversible una dependencia tecnológica tan profunda como la que arrastra el continente.