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El truco de la moneda para saber si la comida del congelador sigue siendo segura

Un técnico propone un método casero para detectar si ha habido un apagón que haya roto la cadena de frío.

Vuelves de vacaciones y te preguntas si la comida que dejaste en el congelador sigue siendo segura. Si hubo un corte de luz mientras no estabas, la cadena de frío se rompió y las bacterias pueden haberse multiplicado, aunque los alimentos se hayan vuelto a congelar. Para evitar sustos, Ronald Rondón, técnico especializado en Hermanos Pérez, ha popularizado un truco tan simple como poner una moneda en un vaso de agua congelada.

El método: llenas un vaso transparente con agua y lo congelas. O, si tienes prisa, llenas el vaso con cubitos de hielo. Sobre el hielo colocas una moneda, da igual el valor, y vuelves a meter el vaso en el congelador. Cuando regreses a casa, mira dónde está la moneda. Si sigue encima del hielo, todo bien. Si la moneda está en el fondo del vaso o atrapada en el hielo, significa que el agua se derritió y volvió a congelarse, o sea, que el congelador alcanzó temperaturas peligrosas.

"Si realmente ha habido un apagón o algo y no nos hemos dado cuenta, y vemos que la moneda está aquí debajo, ten por seguro de que esa comida se ha descongelado y se ha vuelto a congelar", advierte Rondón. En ese caso, lo mejor es tirar los alimentos que se hayan descongelado, porque la congelación casera no mata las bacterias, solo las deja en estado latente.

El truco no solo sirve para apagones. También detecta otras averías que provocan que el congelador deje de enfriar temporalmente, como la acumulación de escarcha en las paredes o el deterioro de las gomas de sellado de la puerta. Si las gomas pierden elasticidad o están sucias, entra aire caliente, el compresor trabaja de más y puede dejar de ser eficiente.

La idea de la moneda es ingeniosa porque no requiere aparatos ni conocimientos técnicos: un vaso, agua y una moneda son suficientes para saber si la comida que guardas es fiable. Es un truco barato que puede ahorrarte un disgusto, y que cobra especial sentido en verano, cuando pasamos más días fuera de casa.

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