Una red china usaba vídeos deepfake para robar cuentas y extorsionar a cargadores
La policía de Yichang detiene a 16 personas acusadas de suplantar a transportistas con rostros sintetizados por IA y cobrar sobrecostes bajo amenaza de retener la mercancía

Dieciséis detenidos, 50 móviles intervenidos, un ordenador y más de 370.000 yuanes bloqueados. Es el balance de una operación de la policía de Yichang, en la provincia china de Hubei, contra una red que se hacía pasar por transportista en plataformas de carga digital para extorsionar después a los cargadores. El caso lo ha destapado la televisión estatal CCTV a partir de las denuncias que una de esas plataformas había acumulado.
El grupo no tenía ni un solo camión. Su primer negocio era puro arbitraje: aceptar un pedido en una plataforma y subcontratarlo en otra más barata, o contratar un 4,2 metros donde el cliente había pagado un 5,2. Entre septiembre de 2024 y abril de 2025 vivieron de esa diferencia. Registrar una cuenta de conductor exige verificar persona y vehículo, así que compraron cuentas ya verificadas a un vendedor de servicios de flasheo en una plataforma de comercio electrónico. En abril de 2025 alquilaron una planta entera de un edificio comercial, con un consultorio en la planta baja, y empezaron a contratar comerciales. En septiembre de ese año dieron el salto: además de revender, cobrar por la fuerza.
Del pedido falso al vídeo facial
Para conseguir más cuentas se hicieron pasar por cargadores y publicaron pedidos falsos. Cuando un conductor aceptaba, ya tenían su número de teléfono, y lo probaban en otra plataforma con tarifas más caras para ver si la usaba o no. Si no la usaba, venía el resto: pescarle el documento de identidad, el carné de conducir, la documentación del vehículo y fotos de su cara. Un técnico convertía esas fotos fijas en un vídeo facial en movimiento y, controlando el móvil de trabajo a distancia, lo inyectaba en el sistema de reconocimiento facial de la plataforma a través del flujo de recuperación de cuenta. El número acababa vinculado a una línea virtual de la banda.
Con el catálogo de cuentas ajenas bajo control llegaba el cobro: entre 0,7 y 0,8 yuanes por kilómetro en concepto de peaje, y de 1.000 a 3.000 yuanes si el cargador tenía prisa. La investigación describe tres niveles: trece comerciales que trataban con los clientes y ejecutaban la presión, un jefe, Li, que conseguía las cuentas y repartía el dinero, y un gestor, Wang, encargado de turnos y contabilidad.
Retener la mercancía hasta que pagaran
El patrón se repite en los casos documentados. Una comercial de una empresa de forja pesada de Henan contrató el envío de más de 60.000 yuanes en piezas y vio llegar un camión con matrícula distinta a la del pedido; el conductor le pidió cerrar el trato fuera de la plataforma para esquivar la comisión, la mercancía no llegó al día siguiente y, tras dos jornadas de excusas y nuevas peticiones de dinero, pagó. Otro cliente reservó por 1.500 yuanes un envío compartido para mover una grúa de 30.000 yuanes a Cantón: el pedido se canceló, el conductor le dijo que tardaría medio mes y acabó aceptando 4.000 yuanes, más 800 de peaje ya en el recinto.
Quien se negaba recibía demoras, la carga retenida o directamente abandonada. Cuando la policía entró en el piso, los móviles intervenidos seguían sonando con cargadores preguntando por sus mercancías. Los agentes localizaron y devolvieron 48 lotes de carga retenida.
Lo llamativo no es el fraude logístico, que es viejo, sino el eslabón técnico: una foto estática convertida en vídeo facial basta para superar la verificación de una plataforma y, con el número rebindado, la cuenta cambia de dueño sin que el titular haya hecho nada. Cualquier servicio que use reconocimiento facial como única prueba de identidad en su proceso de recuperación de cuenta está expuesto al mismo ataque.

