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Ciberseguridad

Un ciberataque deja a la Organización Internacional de Meteoros fuera de juego varias semanas

La entidad belga, que coordina observaciones de meteoros en todo el mundo, reconoce que el ataque asestó un golpe crítico a una infraestructura envejecida y que la recuperación se alargará.

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La Organización Internacional de Meteoros (IMO) vuelve a recibir avistamientos de bolas de fuego, pero buena parte de su web sigue caída tras un ciberataque. La entidad, con sede en Bélgica, avisa de que la recuperación completa llevará varias semanas porque está reconstruyendo su infraestructura desde cero.

Quien entre ahora en la web de la IMO se encuentra con una página mínima de mantenimiento en la que la propia organización explica lo ocurrido: el ataque asestó "un golpe crítico" a una infraestructura envejecida y dejó fuera de servicio buena parte del sitio. El aviso añade que esperan "varias semanas de interrupción parcial" mientras migran a nuevos sistemas y servicios.

La IMO es una organización sin ánimo de lucro que coordina observaciones de meteoros y sirve de punto de encuentro entre astrónomos aficionados y profesionales de todo el mundo. Su función principal es recopilar los reportes de quienes ven meteoros inusualmente brillantes, las bolas de fuego, y usar esos datos para documentar y analizar los eventos. Ese ha sido precisamente el primer servicio que han reconstruido. "Priorizamos restaurar el reporte de bolas de fuego, y ya está disponible", señala la organización, que anima a quien haya visto una luz brillante en el cielo a seguir enviando su observación.

Preguntas sin responder

Lo que la IMO no ha contado es casi todo lo demás. No ha dicho cuándo se produjo el ataque, ni cómo entraron los atacantes, ni si accedieron o cifraron datos. Tampoco ha aclarado si la información de usuarios o colaboradores quedó expuesta, algo relevante porque sus servicios los usan observadores y socios repartidos por varios países.

El hecho de que el plazo anunciado sea de semanas apunta a que no se trata de restaurar un servidor web comprometido y seguir adelante. Reconstruir la infraestructura entera implica revisar qué sistemas estaban expuestos, cómo se movieron los atacantes dentro de la red y qué hay que dar por perdido. Una web pequeña no es un objetivo menor: los colectivos con recursos justos y sistemas antiguos son carne de cañón para el robo de credenciales y el despliegue de ransomware, y suelen tardar más en darse cuenta y en recuperarse.

Hay además un detalle incómodo. Cualquiera que hubiera reutilizado su contraseña de la IMO en otro servicio debería cambiarla ya, y quienes tuvieran cuenta en los sistemas afectados tendrán que asumir que sus datos pueden haber circulado hasta que la organización diga lo contrario. Silencio no es lo mismo que negación.

La IMO todavía no ha respondido a las preguntas sobre la fecha del incidente, los sistemas afectados, si hubo filtración de datos y si hay responsables identificados. Hasta que lo haga, la única certeza es la página de mantenimiento y un formulario de bolas de fuego que funciona de nuevo. Para una organización que se dedica a documentar cosas que se desintegran de forma espectacular, es un mal chiste que su propia infraestructura haya acabado en la misma lista.