Songhive convierte tu biblioteca musical autohospedada en objetos del fediverso
El proyecto hace que pistas, álbumes, listas y publicaciones sean objetos ActivityPub, de modo que tu música se pueda seguir y comentar desde Mastodon sin salir de tu servidor.

Songhive es un servidor de música para autohospedar que trata pistas, álbumes, listas de reproducción y publicaciones como objetos ActivityPub de pleno derecho. Dicho de otro modo: tu biblioteca vive en tu hardware —o en el almacenamiento en la nube que le enchufes— y lo que publicas sobre ella puede viajar por el fediverso, seguirse desde Mastodon y recibir respuestas, boosts y citas.
La propuesta nace de un hueco conocido. Los servidores de medios tipo Jellyfin, Navidrome o Subsonic resuelven bien la mitad de biblioteca: les apuntas a tu colección de FLAC y tienes streaming, transcodificación y apps móviles, pero son islas de un solo jugador. Compartir una pista acaba siendo copiar el archivo o mandar un enlace que no resuelve fuera de tu LAN. Funkwhale añade la parte federada, aunque su experiencia social sigue girando alrededor de la biblioteca: sigues las colecciones de otro y sincronizas sus archivos. Es una red de distribución, no un sitio donde la gente hable de música. Y los servicios de streaming comerciales no ofrecen nada parecido a una capa social real.
Artistas, pagos y ensayos de banda
Para quien publica música, el proyecto plantea una casilla que expone la pista como objeto de audio reproducible directamente en las cronologías del fediverso, sin que quien escucha tenga que registrarse en tu instancia. Las páginas de artista, los lanzamientos y las listas emiten fuentes RSS y Atom, y los blogs que soportan Webmentions avisan cuando enlazan una canción. Hay integración nativa con Stripe para conectar una cuenta de cobro y poner temas o discos a la venta: eliges cuánto de una canción de pago se puede escuchar (solo una muestra, entera o nada) y cuánto cuesta. El autor afirma que no se queda con ningún porcentaje más allá de lo que cobra Stripe por procesar la transacción; la cifra es suya, no de un tercero.
Para grupos que ensayan, el argumento es más doméstico: listas de versiones que hoy dependen de que todo el mundo tenga cuenta premium en una plataforma, vídeos con anuncios que se comen el rato de ensayo y montones de archivos de ensayo repartidos entre chats, correo y carpetas de Drive. Songhive permite conectar esas fuentes externas y exponerlas como colecciones con una única URL. El complemento mopidy-songhive sirve para integrar servicios de streaming de terceros y compartir listas a través de un proxy sin que cada miembro del grupo pague su suscripción.
Lo que aún no se puede comprobar
El proyecto se presenta en solitario, sin demo, sin fecha de publicación y sin una versión etiquetada que enseñar. El código está en el repositorio, y el resto son promesas de diseño: descripción de la pila de streaming, la capa social y el modelo de privacidad a grandes rasgos, con los propios reparos del autor admitidos en un apartado aparte. Tampoco hay cifras de rendimiento ni instrucciones de despliegue más allá de un arranque rápido.
Que la federación funcione de verdad con audio —objetos pesados, almacenamiento en caché entre instancias, transcodificación y ancho de banda— es justo lo que suele romperse en este tipo de proyectos. Quien administre un servidor doméstico puede mirarlo como curiosidad; quien tenga una biblioteca grande hará bien en esperar a ver qué pasa cuando alguien lo despliegue con miles de pistas.
