Qué pasa con un ccTLD cuando el país que lo administra desaparece
Los casos de .su, .yu, .cs y .dd muestran que un dominio de país puede sobrevivir décadas a su Estado o borrarse de golpe. No hay un procedimiento fijo para decidirlo.
Cuando un Estado desaparece, su dominio de país no se apaga solo. Hay ccTLD que han sobrevivido décadas a la nación que los justificaba y otros que se borraron y arrastraron consigo todo lo que colgaba debajo. Quien elige un dominio para un servicio que debe seguir en pie dentro de veinte años está tomando una decisión geopolítica sin saberlo.
Los que se apagaron
El caso más citado es .su. La IANA lo asignó a la Unión Soviética en 1989 y el país se desintegró en 1991. Las repúblicas que salieron de él recibieron dominios propios, y en 1994 apareció .ru para sustituir al viejo. La IANA, y después la ICANN, aceptaron mantenerlo porque Rusia y sus usuarios querían conservarlo. Sigue activo, con unos 100.000 dominios registrados, en una zona gris que la ICANN quiere cerrar y que la IANA describe como en proceso de retirada. Sus condiciones de uso antiguas y su falta de controles lo han convertido en refugio de sitios como el supremacista Daily Stormer, actividad delictiva y el movimiento juvenil pro-Putin Nashi, hasta 2019.
Otros no corrieron esa suerte. .dd apenas se usó en algunas universidades de la Alemania del Este y se liquidó con la reunificación, un año después de su creación; la Alemania occidental ya tenía .de. Checoslovaquia se partió en 1993 y .cs se borró en 1995, con 2.300 hosts dentro. Yugoslavia tuvo un recorrido más largo: Serbia y Montenegro conservaron .yu tras la desintegración, cambiaron de nombre en 2003 y se separaron en 2006, y el dominio aguantó en transición hasta su eliminación en 2010. Los sitios que colgaban de él simplemente desaparecieron.
Polonia es el contraejemplo. El Estado cambió de régimen, pero el país siguió siendo el mismo, así que .pl se heredó sin drama.
Quién decide
Buena parte de aquellas decisiones de los noventa las tomaron Jon Postel y Joyce K. Reynolds desde el ISI de la USC, que operaba la IANA. La ICANN no existió hasta el 18 de septiembre de 1998, cuando la administración Clinton la creó y absorbió la IANA dentro.
Hoy la pregunta tiene cifras encima. Taiwán administra .tw con 2,7 millones de dominios registrados, y Ucrania tiene cerca de 700.000 bajo .ua. Hong Kong usa .hk desde 1990 y desde 2010 cuenta también con .香港, que en punycode es .xn--j6w193g. Ninguno de esos dominios va a caer por una decisión técnica, y ahí está el problema: no hay un procedimiento que diga qué pasa con esos registros si el Estado que los sostiene deja de existir. La ICANN publica la lista de ccTLD y sus reglas, pero los casos reales se han resuelto a base de negociación política, uno a uno y siempre tarde.
El autor del texto que originó esta discusión descartó .tw para el dominio de un tatuaje con código QR y se fue a un .org, con el argumento de que esos solo caerán cuando caiga la ICANN. Queda por ver qué ocurre el día en que la causa no sea una disolución pactada sino una anexión. Los precedentes que existen —la URSS, Yugoslavia, Checoslovaquia— vinieron de dentro, y ninguno cubre el supuesto que más preocupa ahora mismo.
