Porque siempre llevo mi rallador Microplane a cualquier alquilar o Airbnb
Una herramienta de 18 dolares que mejora la comida y evita disgustos con los cuchillos de los anfitriones.

La autora de CNET deja claro que su bagaje en los viajes de alquiler se ha reducido drásticamente, pero hay un objeto que nunca falta. Se trata de un rallador de filo fino, conocido popularmente como Microplane. Es una pieza de acero de unos 18 dolares que, según su experiencia, marca la diferencia entre una cena aceptable y una memorable, algo que rara vez se encuentra en los cajones de las propiedades vacacionales.
El razonamiento es práctico. Llevarse todos los utensilios básicos, desde tenazas hasta baterias de sartenes, resulta agotador y, con frecuencia, innecesario. La mayoría de los alojamientos, especialmente en las costas estadounidenses, cuentan con lo esencial para cocinar. El problema no es la ausencia de ollas, sino la calidad de las herramientas específicas que afectan directamente el sabor. Un cuchillo de chef suele estar presente, aunque a veces oculto en rincones oscuros, pero un rallador de calidad es un lujo que los anfitriones suelen obviar.
La utilidad del Microplane va mas alla de lo obvio. Rallar la corteza de los citricos sin incluir la parte blanca amarga es una tarea dificil con un cuchillo de punta o un rallador de caja tradicional. Este último, cuando tiene una cara designada para rallar, suele producir una pulpa desordenada y corre el riesgo de herir los dedos. El rallador de filo fino permite extraer solo la parte aromatica, aportando vibrancia a salsas, ensaladas o postres sin la acidez agresiva del zumo limpio. Es, en palabras de la autora, un potenciador de sabor con la ejecucion mas sencilla posible.
Mas alla de los limones
El dispositivo tampoco se limita a la cocina dulce o a los aderezos. Resulta excepcional para trabajar con ajo y jengibre. A diferencia de los prensajeros, que suelen ser una pesadilla de limpiar, el rallador se enjuaga en segundos y deja la fibra en una textura que se integra perfectamente en las comidas. Tambien permite rallar quesos duros directamente sobre los platos, evitando los almidones antiaglomerantes que se usan en los quesos pre-gratillados comerciales. Incluso el nuez moscada fresca, esencial para una buena bechamel, sale mejor procesada asi.
La autora confiesa que su modelo actual tiene 15 anos, una vida util notable para este tipo de herramienta, y que la sustitucion le ha devuelto la emocion en la cocina. El Microplane se fabrica en Estados Unidos y ofrece una ergonomia cómoda, ademas de una funda protectora. Para quienes busquen una alternativa mas economica, existe la version MasterChef, vendida en Amazon por unos 10 dolares. Este modelo es algo mas ancho, tiene una funda mas facil de manipular y funciona de manera similar, aunque se fabrica en China. La decision entre ambos depende de si el precio o el origen de fabricacion pesan mas en la balanza, pero el resultado culinario es comparable.
El mensaje es sencillo. No hace falta ser chef para exigir herramientas que funcionen. En un contexto donde la comida compartida es el nexo social, tener control sobre los sabores base aporta confianza. Gastar menos de 20 dolares en un utensilio que mejora el ajo, el queso y los citricos es una apuesta segura. Al final, la comodidad de no depender de lo que haya en la cocina de otro vale la pena, especialmente cuando el resultado final puede decidir el exito de la reunion familiar.


