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La crisis de RAM y SSD ya arrastra a procesadores y placas base

El encarecimiento de memorias y almacenamiento frena las ventas de CPU y placas base, que caen a mínimos históricos según un retail alemán.

El encarecimiento de la RAM y los SSD lleva meses siendo el tema del que todo el mundo habla en el sector del PC. Pero sus efectos ya no se quedan en esos componentes: la caída de ventas se ha extendido a procesadores y placas base, que están registrando cifras que no se veían en años.

El problema es un efecto en cadena. Muchos de los que planeaban montarse un ordenador por piezas están decidiendo no hacerlo, aguantar con lo que tienen y esperar a que los precios se calmen. Aunque CPU y placas base no tengan problemas de stock ni precios disparatados, la gente no compra un procesador si no puede completar el resto de la máquina a un precio razonable.

Los datos llegan de la cadena alemana MindFactory, uno de los mayores minoristas de hardware de Europa. Según sus registros, en la última semana vendió algo más de 1.000 placas base, un volumen 25 veces inferior al de enero de 2025. La caída es hasta 13 veces mayor que la de los peores periodos del año pasado. En el caso de los procesadores, la tendencia es similar, aunque no se dan cifras tan concretas.

La escasez de CPU también asoma

La crisis de RAM y SSD es principalmente de precios y demanda, pero en el caso de los procesadores hay algo más. Desde Asia llegan avisos de pedidos con meses de retraso y subidas de entre el 10% y el 15%. No es una escasez generalizada como la de otros componentes, pero apunta a que la cadena de suministro también está tensándose.

Lo curioso es que el stock de CPU y placas base sigue siendo estable y a precios razonables. La caída no es por falta de oferta, sino por falta de demanda: la gente no compra una pieza suelta si no puede completar el conjunto. Es un síntoma claro de que el mercado del PC de sobremesa está en una posición delicada, con los consumidores esperando a que pase la tormenta.

Queda por ver si esta tendencia empuja a los fabricantes a ajustar precios o producción, o si el mercado se recupera cuando se estabilicen los costes de memoria y almacenamiento. De momento, quien quiera montar un PC nuevo lo tiene complicado, y no solo por la RAM y el SSD.

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