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Inteligencia artificial

Instinct, el agente de IA que reserva por WhatsApp, negocia valorarse en 10.000 millones

El agente por invitación que atiende por iMessage y WhatsApp busca 1.000 millones más sobre los 350 ya levantados, mientras sus usuarios denuncian que retiene copias de sus correos

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Instinct, un agente de IA al que solo se entra por invitación y que conversa con el usuario por iMessage y WhatsApp, está negociando una ronda de 1.000 millones de dólares sobre los 350 millones que ya ha levantado, según The Information. La operación lo valoraría en 10.000 millones. La compañía abrió beta privada en febrero y conecta el correo, el calendario y las aplicaciones de mensajería de quien lo usa.

El interés tiene poco que ver con el modelo que hay debajo. Quien habla con investigadores de IA sobre Instinct repite una expresión: factor de forma. No hay caja de texto vacía esperando a que al usuario se le ocurra qué pedir, sino un hilo de mensajería donde el agente propone cosas que puede hacer y luego las hace. Un periodista que llevaba años cubriendo el sector y lo ha probado durante semanas lo cuenta así: menos interfaz y menos ruido. Otro agente del mismo espacio, Lindy, le escribía cada mañana y se metía en reuniones de Zoom sin permiso; lo borró.

Las pruebas que describe son terrenales. Para un viaje a Venecia le pasó el itinerario y el agente hizo reservas en función de dónde iba a estar, incluidos avisos por WhatsApp a locales sin presencia web. El segundo encargo era más complicado: un billete de tarifa saver a Nueva York que no se podía mover y que se cancelaba entero si se perdía el primer tramo. Instinct detectó que Alaska había adelantado el vuelo 90 minutos, un detalle que al usuario se le había pasado por completo y que daba derecho a devolución completa. Canceló el billete, recuperó unos 550 dólares y volvió a reservar el regreso a San Francisco.

Los agujeros

A cambio, los problemas. Varios usuarios han contado que al desconectar el agente de su correo descubrieron que seguía guardando una copia de la bandeja de entrada. Un inversor acabó vetado en Resy porque el bot machacó su API a razón de unas 200 peticiones por hora mientras intentaba reservar. Otro borró la aplicación tras concluir que phisharla sería trivial. Los términos de servicio permiten usar al menos parte de las conversaciones para entrenar modelos, y a quien lo probó se le canceló un pedido de DoorDash que ya venía tarde: 64 dólares perdidos y unas disculpas generosas sin oferta de compensación.

Mientras tanto, Meta ha visto cómo Muse, su asistente lanzado a principios de mes, se coloca como la aplicación gratuita más descargada de la App Store, con más de 900.000 descargas según estimaciones de terceros. Salió con una vulnerabilidad seria que, según Ars Technica, habría permitido a un atacante hacer lo que quisiera en el Mac de la víctima. Y 404 Media publicó que parte de las llamadas que Muse hace a restaurantes para reservar las atienden personas en un centro de llamadas.

El detalle de las llamadas humanas y el de las copias del correo apuntan al mismo sitio: los agentes personales ya funcionan, pero lo hacen con una superficie de acceso enorme sobre datos privados y con garantías que dependen de la letra pequeña de cada startup. Para quien administra sistemas, la pregunta ya no es si el agente acierta al reservar, sino qué credenciales recibe, qué conserva cuando se revoca el acceso y quién responde si el borrado no es tal.