Diez agentes en el autobús: el ingeniero que dirige flotas en lugar de escribir código
Un desarrollador cuenta que ya no escribe el código: coordina flotas de agentes de IA. Hoy lleva diez en marcha y su objetivo declarado son diez mil.

Este hombre ya no programa. Coordina. Tiene diez agentes de IA trabajando a la vez y dice que la meta es una flota de diez mil. Al oficio lo llama fleetcoding y al puesto, si hay que rellenar un formulario, ingeniero de flotas de agentes. Las cifras son suyas, sin ningún dato de rendimiento detrás, pero el relato de lo que cambia en el día a día es bastante concreto.
Lo que no ha cambiado es la responsabilidad. Una funcionalidad sigue teniendo que llegar de la idea a una URL con número de versión, y si no llega, el marrón es suyo. Lo que ya no hace es llevar a cada pasajero en brazos: elige el destino, asigna rutas, resuelve averías y comprueba que cada uno se ha bajado en la parada correcta en lugar de fiarse de su palabra.
La diferencia está en la escala. Con diez agentes conduces un autobús: ves todos los asientos y te das cuenta de que uno lleva veinte minutos mirando el mismo test, así que te acercas y lo arreglas. Con diez mil no conduces nada, operas una red de transporte. Necesitas despacho para que el trabajo caiga en el tipo de agente adecuado, rutas para que una tarea de documentación y una migración de base de datos no compartan carril, límites de capacidad porque el tope de gasto de la organización es real y ha llegado a tocarlo en la primera semana del mes más de una vez, y recuperación de averías.
Los fallos no son de código
Dice que ahí se le va casi todo el tiempo de ingeniería, porque los fallos nunca son los que esperas. Dos sesiones en paralelo publican la misma funcionalidad en dos ramas porque cada una hizo checkout de una instantánea antes de que la otra abriera el pull request. git stash resulta ser una pila por repositorio compartida entre todos los worktrees, así que dos trabajos simultáneos se pisan los cambios y nadie se entera hasta que el diff parece encantado. Un agente lanza un comando de test con un filtro que no casa con nada, la herramienta no imprime nada y el agente informa de un pass. Un check de CodeQL en verde se lee como prueba de que se ha corregido una vulnerabilidad, cuando solo significaba que no aparecen nuevas.
Ninguno de esos problemas es de programación. Son problemas de tránsito: los pasajeros están bien, fue la red la que les falló.
Más agentes, menos atención por agente
La ambición, dice, no es tener más agentes, porque añadir agentes es fácil, es un bucle. La ambición es que más agentes avancen de forma útil sin que cada uno exija más atención suya. La atención por agente tiene que bajar a medida que sube el número, o el número es decorativo. De ahí que mantenga la palabra ingeniero en el título: no pulsa un botón y se va a comer. Construye lo que permite operar la flota, y eso se traduce en memoria que sobrevive a un trabajo matado, reglas que aplica el planificador en lugar de aplicarlas él, y una definición de terminado que una máquina pueda verificar.
Si la práctica se extiende, el hueco de herramienta que describe es real: orquestación, verificación y control de gasto para flotas de agentes son hoy terreno bastante virgen. Lo que hay aquí es la experiencia de una persona con diez procesos en marcha, no un estudio, y conviene leerlo con esa escala en la cabeza.

