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Cuando el software libre era una bicicleta y ahora es un coche

Un desarrollador de Haiku reflexiona sobre cómo los LLM amenazan la filosofía de construir tus propias herramientas.

PulkoMandy, desarrollador del sistema operativo Haiku, ha publicado una reflexión sobre el impacto de los modelos de lenguaje en el software libre. Su tesis no es nueva, pero está bien argumentada: los LLM están transformando la relación del programador con su herramienta, y no en buena dirección.

El artículo parte de una analogía que ya usó Steve Jobs: el ordenador como bicicleta para la mente. PulkoMandy la lleva más lejos. Si la bicicleta es el software que entiendes y controlas, el coche es el LLM: rápido, cómodo, pero diseñado por otros y que termina condicionando tus decisiones. Y como ocurre con los coches, poco a poco se construye una infraestructura que obliga a usarlos.

El problema no es la velocidad, es quién conduce

PulkoMandy no critica la capacidad de generar código de los LLM. Le preocupa que, al delegar en ellos, se pierda la práctica de construir tus propias herramientas. Recuerda que empezó programando para crear sus propias utilidades, como una tabla de multiplicar o un editor de pixel art que no existía para Linux. Ese proceso, dice, es lo que hace especial al software libre: cualquiera puede entender y modificar su herramienta.

Con los LLM, esa posibilidad se difumina. El código lo genera una caja negra, a menudo de una gran corporación, y el usuario se convierte en un pasajero más. Además, señala que la documentación y los sitios web se están optimizando para ser leídos por máquinas, no por humanos. Eso, dice, ya está pasando con el SEO y la inyección de prompts.

La comunidad como red de seguridad

El autor compara la comunidad de Haiku con una red de ferrocarriles: cuando algo falla en tu ruta, siempre hay una estación cercana para volver a casa. Esa red de apoyo mutuo es lo que hace sostenible el desarrollo de software libre. Pero si la comunidad se apoya en LLM para generar código sin entenderlo, esa red se convierte en autopistas: rápidas, pero sin salidas.

PulkoMandy no anuncia que vaya a abandonar nada. Seguirá usando código que entiende y construyendo sus propias herramientas. Pero admite que lo que antes era un hobby placentero, ahora se siente como una necesidad. Y pide ayuda: necesitamos más gente que entienda esta forma de trabajar, porque los ordenadores son demasiado complejos para hacerlo todo solo.

El texto es una pieza personal, casi un manifiesto, que probablemente resonará entre quienes llevan años defendiendo el software libre como filosofía de vida. Pero también deja claro que la batalla no es contra la tecnología en sí, sino contra la pérdida de control sobre ella.

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