Cómo planificar la migración de un JBOD a un NAS doméstico
Un usuario de r/selfhosted busca la mejor opción entre un NAS comercial y un proyecto DIY para alojar 60 TB de datos y 3 TB de backups.
El planteamiento parte de un servidor de medios montado en un arreglo JBOD externo: cuatro discos de 60 TB combinados para contenido y un disco de 3 TB para imágenes del sistema y copias de seguridad. Todo se comparte mediante SMB y rclone, y los discos están conectados directamente al servidor principal mientras dos mini‑PCs actúan como nodos de servicios adicionales. El usuario ha invertido en refrigeración, monitoreo térmico y aislamiento de vibraciones, pero quiere migrar a un NAS tan pronto como le lo permitan el presupuesto y el espacio.
El principal obstáculo es que dos unidades (de 20 TB y 12 TB) tendrían que ser desarmadas (shuck) para adaptarse a un chasis NAS. En discos externos de gran capacidad la extracción puede complicarse por controladores propietarios y fuentes de alimentación integradas. Además, el usuario necesita que el NAS administre rclone, DrivePool o MergerFS de forma nativa, sin depender de montajes en varios servidores. La licencia de DrivePool también es un factor: prefiere una solución gratuita si es viable.
En cuanto al hardware, hay dos caminos claros. Un NAS preensamblado (por ejemplo, de marcas como Synology o QNAP) ofrece una placa base con múltiples bahías, gestión de RAID y paquetes de software que incluyen SMB y soporte para contenedores Docker, lo que facilita la integración de rclone o MergerFS. La desventaja es el coste inicial y la limitación de puertos SATA; algunos modelos sólo admiten ocho bahías, lo que puede quedarse corto para 60 TB si se usan discos de 8 TB o menos.
Construir un NAS propio permite elegir una placa base con abundantes puertos SATA (o controladores SAS) y una fuente de alimentación robusta que soporte discos de 12 TB y 20 TB sin problemas de potencia. Un chasis Corsair ya disponible podría reutilizarse, siempre que se añada una placa con al menos ocho puertos SATA y suficiente refrigeración. El coste total suele ser inferior al de un NAS comercial, aunque implica mayor tiempo de configuración y mantenimiento. La gestión de rclone se puede simplificar instalando el cliente en el propio NAS y exponiendo los puntos de montaje mediante SMB o NFS.
En resumen, si el objetivo es minimizar la inversión y se dispone del tiempo para montar y mantener el hardware, la vía DIY resulta más económica y flexible. Un NAS comercial, por otro lado, reduce la complejidad operativa y brinda actualizaciones de firmware y soporte, lo que puede ser decisivo si la disponibilidad continua es crítica. La decisión final dependerá del equilibrio entre presupuesto, espacio físico disponible y la tolerancia al trabajo de integración.


