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Infraestructura

Bruselas quiere que los centros de datos de más de 500 kW publiquen su gasto de energía y agua

La Comisión Europea abre una consulta de dos meses sobre un sistema de etiquetado de sostenibilidad para instalaciones de más de 500 kW, con las primeras etiquetas previstas para 2027

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La Comisión Europea ha propuesto que los operadores de centros de datos con una capacidad nominal superior a 500 kW publiquen su consumo de energía y de agua a través de un sistema de calificación común en toda la UE. El marco no lleva de momento límites ni obligaciones de recorte: solo obliga a enseñar los números. La consulta pública ya está abierta y dura dos meses, plazo en el que el Parlamento Europeo y el Consejo podrán revisar el texto y oponerse.

El contexto que empuja la medida es el mismo que está detrás de media industria: la IA. Bruselas calcula que la capacidad de los centros de datos europeos se multiplique por tres en los próximos siete años como parte de su estrategia de soberanía digital, y quiere que ese crecimiento no choque con la red eléctrica ni con los recursos hídricos locales. La Comisión cita datos de la Agencia Internacional de la Energía según los cuales estas instalaciones consumieron unos 68 TWh en 2024 en el conjunto de la UE. Para 2030 la previsión sube a 114 TWh, más del 3% del consumo eléctrico comunitario. Las cifras son del organismo internacional, no de un estudio independiente encargado por Bruselas.

Qué se publica y qué no

El borrador tiene un alcance más estrecho de lo que sugiere el titular fácil. Los operadores afectados no tendrán que declarar su consumo eléctrico total ni verán limitada la energía o el agua que pueden gastar. Lo que sí deberán detallar es la relación entre su consumo de agua y la presión hídrica de la zona donde están: si la instalación se levanta en una comarca con estrés hídrico, eso se verá en la etiqueta. También tendrán que indicar si pueden devolver algo a la red local, por ejemplo reutilizando el calor residual que genera la sala de servidores.

El mecanismo se parece a las etiquetas energéticas de electrodomésticos y coches, y la Comisión lo presenta como la base sobre la que después podría construir estándares mínimos de rendimiento aplicables a todo el sector. Ahí está el detalle importante para quien diseña infraestructura: una etiqueta es voluntaria en la práctica hasta que deja de serlo, y quien planifique una ampliación a tres o cinco años vista debería asumir que la eficiencia hídrica y la recuperación de calor acabarán pesando en el diseño.

Si el calendario se cumple sin sobresaltos, las primeras etiquetas de sostenibilidad llegarían en 2027. Queda por ver cuánto se endurece el texto en la negociación con el Parlamento y el Consejo, y si el umbral de 500 kW —que deja fuera a buena parte de las salas pequeñas y de borde— se mantiene tal cual. También está por definir con qué metodología se calcula la presión hídrica local, que es donde este tipo de ratings suele acabar discutiéndose.