Anthropic corta una campaña rusa que usaba Claude para reconstruir su malware
El grupo GTG-20006, vinculado a APT29, montó agentes de IA que recompilaban el malware cada vez que una firma de seguridad lo detectaba. Anthropic dice haber cortado la operación.

Anthropic ha cortado una campaña de espionaje rusa que usaba Claude para reconstruir su propio malware cada vez que un producto de seguridad lo detectaba. El grupo, al que la compañía llama GTG-20006 (Generative Threat Group), encaja con lo que otros fabricantes llevan tiempo atribuyendo a Midnight Blizzard, también conocido como APT29 o Cozy Bear.
Lo llamativo no es que un LLM escriba código. Es el bucle. Según el informe de amenazas que Anthropic ha publicado, el atacante montó agentes de IA que vigilaban si sus implantes saltaban en las defensas conocidas. Cuando eso pasaba, otros agentes modificaban y recompilaban el artefacto hasta que dejaba de disparar la detección, y el resultado se alojaba en servidores desechables a los que se redirigía a la víctima mediante phishing, ClickFix y secuestro de DNS. La firma que el defensor acababa de desplegar dejaba de servir en cuestión de horas.
Del kit de herramientas a los registros de identidad
El conjunto incluye dos implantes para Windows, una suite de explotación móvil, un ladrón de credenciales de navegador, una plataforma de phishing que imita a organismos públicos y una consola para administrar cuentas comprometidas. Hay nombres concretos: PowerChrome, WUEngine, Shadow C2, MiniPlasma y CloudSyncSvc en Windows; GiftDrop, una versión reetiquetada de GiftsExpress, y un RAT de vigilancia en Android; DarkSword en iOS.
Los objetivos pasan de veinte organizaciones: ministerios, cuerpos de defensa e inteligencia, embajadas y misiones diplomáticas, think tanks y empresas del complejo industrial de defensa, sobre todo en Ucrania y Europa, con ramificaciones en Oriente Medio y agencias gubernamentales marítimas de Asia. Parte de esto solapa con CaptiveCrunch, la campaña que ReliaQuest, Microsoft, Google y Lumen Black Lotus Labs documentaron entre julio y agosto de 2026.
El vector hotelero es el más raro de leer. El grupo comprometió al menos tres proveedores que dan Wi-Fi a huéspedes, usó credenciales de administrador para reescribir registros DNS y desvió el tráfico de quien se conectaba a esa red. Con los identificadores de dispositivo, las direcciones IP y los datos del sistema de gestión hotelera seleccionaron objetivos nuevos, en particular funcionarios ucranianos y fabricantes de drones. También secuestraron cuentas de WhatsApp con navegadores headless, enlazándolas como dispositivos vinculados, exportaron conversaciones en ruso y ucraniano y suprimieron los acuses de lectura. En paralelo encontraron fallos de autorización en la interfaz de servicios de cámaras, enumeraron usuarios y robaron tokens para acceder a retransmisiones en directo.
Hay un caso aparte: una autoridad tecnológica gubernamental del norte de África, a la que entraron con credenciales de un dispositivo VPN para secuestrar el servidor central de cuentas y exfiltrar más de 300.000 registros de identidad nacional junto con datos del registro mercantil de más de medio millón de empresas del país. Y una plataforma de espionaje sobre correo en la nube con un marco de phishing por código de dispositivo bautizado como Embassy Kit, que robó tokens de Microsoft 365 a personal diplomático y gubernamental y se llevó correo de al menos ocho organizaciones, entre ellas una fiscalía nacional, un instituto militar de educación y una organización intergubernamental regional.
El punto que Anthropic subraya es que la IA ha trasladado el coste al defensor. Antes, publicar una detección nueva obligaba al atacante a volver al taller, y eso le costaba tiempo; ahora el taller se reabre solo. La compañía asegura que el grupo usó IA en cada fase, incluida la vigilancia del sigilo y la persistencia de los implantes en entornos on-premise. Queda por ver cuánto tarda el siguiente actor en copiar el método, que a estas alturas no depende de Claude en concreto.

